En cualquier canal de noticias, en cualquier red social, en fin, en cualquier medio de comunicación solo se habla de un tema: el coronavirus o COVID-19. Constantemente se nos recuerda lo crucial que es mantenernos en cuarentena, evitando el contacto con otros y solo salir cuando sea estrictamente necesario con la mayor cantidad de precauciones posibles.

Pero también se nos bombardea sobre otro tema relacionado: las graves consecuencias que puede tener el COVID-19 no solo en la economía de ciertos países en específico, sino a nivel mundial. Aunque, realmente, las consecuencias surgirían a partir de las medidas tomadas para impedir su crecimiento.

Tan solo al considerar que todos debemos resguardarnos en nuestros hogares, se hace evidente que no es una situación sostenible para ninguna economía. Y es que las actividades laborales, comerciales e incluso educativas se han detenido casi por completo. Tampoco existen garantías sobre cuánto tiempo esta situación puede llegar a durar.

Se podría decir que estamos por entrar en un estado de recesión global que, más pronto que tarde, se convertirá en depresión global. Sin embargo, no es un tema que haya tomado por sorpresa a nadie, ni que dependa únicamente del coronavirus.

La anunciada gran corrección

Muchos expertos han hablado por años sobre un gran cambio que se avecinaba al mundo financiero, la gran corrección, una modificación al sistema bancario global que podía ponerse en práctica en cualquier momento, y ante el cual había que prepararse.

Tal ajuste financiero era inevitable, puesto que la estrategia del sistema bancario de aplicar repetidas dosis de facilitación cuantitativa –incremento de flujo de dinero fiduciario– no podía mantenerse para siempre.

Todo parece indicar que esa modificación ya está por llegar. Y no, no se trata de que el COVID-19 afecte directamente la banca mundial, como ha hecho con miles y miles de personas alrededor del mundo, se trata de que finalmente hemos llegado a un punto de no retorno y las condiciones son las ideales para que los gobiernos lleven a cabo la gran corrección que necesitan.

Por primera vez, la Reserva Federal de los Estados Unidos no recibió la respuesta que esperaba del público. Se redujeron las tasas de interés a cero y se inyectaron grandes cantidades de dinero fiduciario (otra vez), pero nada pasó.

Como consecuencia de la cuarentena, hay un cambio de comportamiento: se ha roto el mercado crediticio. Las personas ya no tienen la capacidad ni la voluntad de gastar como lo hacían antes de esta crisis, y esto pone en evidencia la fragilidad del sistema. Ya no habrá dinero para sostenerlo.

Es el entorno ideal para que quienes están a cargo del sistema bancario lo manipulen a su favor. En todo el mundo, las personas están asustadas y aisladas, sin posibilidad de quejarse o protestar ante nuevos cambios.

Grindelwald - Suiza

Todo parece indicar que esa modificación ya está por llegar. Y no, no se trata de que el COVID-19 afecte directamente la banca mundial, como ha hecho con miles y miles de personas alrededor del mundo, se trata de que finalmente hemos llegado a un punto de no retorno y las condiciones son las ideales para que los gobiernos lleven a cabo la gran corrección que necesitan.

¿Qué podemos hacer?

Ante el COVID-19, lo que ya sabemos que funciona: evitar a toda costa el contacto con personas. La única forma de protección ante este coronavirus es el resguardo. Sin embargo, lo más importante es no dejarse llevar por el pánico, esto le hace manipulable y moldeable a las nuevas correcciones. Manténgase atento a las noticias, sin hundirse de lleno en ellas para no perder la cordura.

En términos financieros, puede optar por lo único que, hasta los momentos, no está controlado por ningún banco central: las criptomonedas. Aunque recientemente el Bitcoin sufrió una pérdida de valor de casi 40 % –quizá como consecuencia de la búsqueda de liquidez para sobrellevar la cuarentena–, es muy probable que sus usuarios frecuentes aprovechen esta oportunidad de adquirir criptodivisas durante su caída, lo que elevará su precio.

Por último, prepárese ante futuras crisis. Lo que está sucediendo por el COVID-19 no durará para siempre ni será el último gran evento que afecte la economía de todos. Actuar con antelación le permite tomar medidas racionales que le ayudarán a proteger sus activos.

Si tiene alguna duda, no dude en comunicarse con nosotros. Nuestro equipo de trabajo, formado por profesionales con más de 20 años de experiencia, está dispuesto a prestarle la asesoría que requiera.